Septiembre 24, 2003 - Lo sonoro Tiempo aprox. de lectura 2 min.
María Rita: para novedad, lo clásico

Es probable que no le cueste mucho quitarse esa marca de fábrica a la que invariablemente se hace referencia cuando se la presenta como "la hija de Elis Regina". Al fin de cuentas, tiene una voz que vibra con madurez propia y eso, a los 26 años de edad, es un talento que le permite prescindir de credenciales en el mismo escenario de su progenitora. María Rita cantó la semana pasada en São Paulo las canciones de su primer disco, repertorio con el que se consagra como una intérprete eficaz.
Unas 1.600 personas asistieron el miércoles 17 a la primera de las cuatro presentaciones que el sello Warner Music programó en São Paulo ( las próximas serán a fin de octubre ) para el lanzamiento del disco debut de la cantante María Rita, titulado con su propio nombre. No es una exageración decir que ese público se encantó con lo que vió y escuchó. Razones no le faltan.
Afirman los seguidores de Elis Regina --la intérprete cuyo nombre remite inmediatamente a un capítulo querido de la música popular de Brasil-- que su hija María Rita tiene "todo" de ella. Se refieren a la fisonomía, los gestos, la presencia en el escenario y, en fin, a similitudes que la memoria nostálgica suele hacer aparecer allí donde no necesariamente existen.
Para quienes no asistimos a algún show en vivo de Elis, restan sus discos. Si se escucha "María Rita" y luego cualquiera de su madre, puede llegarse fácilmente a esa conclusión, comenzando por el carácter "crooner" de ambas. Deberá, entonces, aguardarse la llegada de nuevos trabajos para evaluar otras pretensiones.
A la edad en que se espera de un artista exploraciones novedosas, María Rita se muestra conservadora. El repertorio elegido para su disco debut es una selección de piezas probadas. Están allí títulos de Milton Nascimento, Rita Lee, Zélia Duncan y Lenine --entre otros, menos conocidos-- sirviendo de soporte a una voz sobria y elegante cuyas inflexiones dan cuenta de un alto entrenamiento que, se adivina, no ha desdeñado lo lírico.
Piano, bajo acústico, batería, guitarra, algún bronce aquí y allá, percusión y un levísimo uso de sintetizador conforman la paleta sonora que le sirve a cantante y banda para lucirse en una fina puesta tímbrica construída a base de clichés consagrados por el jazz de salón. Algunos hallazgos, sin embargo, como la cadencia "bossa" del piano y el mestizaje de la percusión, dejan constancia de la brasileridad del registro.
No hará la cantante, al menos con este primer disco, historia en los senderos de la renovación de la música popular brasilera. Más bien encontrará su destino en emisoras FM de perfil "cool" o en escenas de delicada intimidad. Ello, no obstante, no es un demérito. Las canciones resisten sucesivas audiciones sin perder nada de su efectividad. Tal vez sea esa, justamente, la gran novedad a escuchar.
Por Carlos Turdera
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