Buscador     
 




MadrynCom - Web Hosting



Reducir Ampliar
Noviembre 12, 2002 - Lo textual
Tiempo aprox. de lectura 5 min.
Entre brillos y detonaciones

UN FLASH DE BUENOS AIRES
La fuerte impresión general que tuve al llegar a Buenos Aires, a unas semanas de cumplirse el primer aniversario del ya mítico "cacerolazo", fue la de haber ingresado en cierta irrealidad. Son tan insistentes y pormenorizados en el exterior los reportes acerca del crack argentino que es hasta legítimo que uno espere encontrar una ciudad poco menos que en ruinas. Nada de eso, sin embargo, afecta a la Reina del Plata. O, al menos, aparentemente.

Luego de un primer día de trámites concentrados en los laberintos de la burocracia (la apatía y hasta antipatía de muchos empleados públicos y privados sigue intacta), me encontré comenzando la noche en Barrio Norte, cerca de la facultad en la que invertí algunas inquietudes juveniles hace varios años.
Las Heras, Pueyrredón y Santa Fe para entrar en tema. La noche siguiente: Corrientes en dirección al centro, luego hacia San Telmo y lo mismo. El fin de semana, encuentros y recorrida por Almagro, Palermo Viejo, los distintos "Belgranos" y sin variaciones: en cada zona me parecía asistir a alguna de las tantas épocas doradas que los argentinos solemos añorar. Restaurantes llenos, largas filas para los teatros, librerías con mucha gente mirando pero también comprando, cines funcionando a pleno, tiendas de ropas 'de marca' y de las otras reponiendo stock, personas retirando y volviendo a depositar sus dineros en bancos... en fin, lo opuesto de lo que esperaba encontrar.
Es cierto que ese recorte de la ciudad está lejos de representar una realidad promedio del país, pero no deja de ser significativa tal ostentación de consumo.

ESQUINAS
"La caída paró y ahora es todo para arriba", quiso graficar un colega de la sección Economía de un influyente diario cuando le dije que no terminaba de entender lo que estaba viendo. "Se van sustituyendo importaciones, comienza cierta reactivación y lentamente vuelve el consumo. La gente ya no va de vacaciones fuera del país, entonces se queda acá y gasta. En unos tres o cuatro años ya estaremos otra vez en carrera", resumió, sorprendiéndome con su pronóstico de inminencia, sobre todo al observar que los compromisos internacionales no dan mucho margen hasta dentro de 15, 20 años.
"Es que todavía no asumieron que ya son pobres", me comentó, desde otra mirada, un amigo humanista, reforzando la idea de 'latinoamericanización' de Argentina. "Sólo les va quedando la ropa y los hábitos de clase media, pero se resisten a su nueva condición de pobres y viven como si en un par de días todo fuera a estar bien otra vez", apuntó.
"Todavía no se tiene dimensión de lo que ocurrió y muchos creen que ya con el próximo gobierno las cosas van a mejorar", describe el padre de un amigo que hace unos meses la pelea en Barcelona.
"La devaluación frenó algunas cosas, pero a nosotros no nos falta trabajo", me reveló, en otra charla, un músico muy conocido que vive ahora de su propia empresa, una productora a la que equipó muy bien durante los años del uno a uno.
"Están discutiendo a quien van a candidatear para Presidente como si estuviéramos en tiempos normales y la gente no llega; no ya a fin de mes, no se llega al (día) 15", me detalló su cálculo el mozo de un café.

AUTOPISTA
Ante panorama tan abierto, decidí salir de la ciudad para ver un poco "más allá de la General Paz". Me tomé un tren hacia el oeste y entonces percibí en directo algo de lo que sospechaba desde un principio.
Los vagones --de por sí un monumento al abandono, pese a la privatización de la línea-- , no tienen vidrios en las ventanas ni luz en su interior. La higiene brilla por su ausencia y los pasajeros estrujan sus derruidas ropas entre sí, mientras muchos otros viajan aferrados al pasamanos externo semejando una postal afgana pos Talibán.
Alguien me comenta que, pese a todo, la ferroviaria está cumpliendo una "función social" y es que dos veces por día circula el llamado "tren blanco", una formación que trae y lleva, entre la provincia y la capital, a contingentes de 'cartoneros'.
Por la pauperización o por la violencia, en la provincia la actitud básica es la desconfianza. Aún los 'kioskitos' de barrio están enrejados y con dispositivos de seguridad antes impensables. No ví a los comerciantes armados, pero casi diría que intuí un revólver o escopeta próximos cada vez que veía entrar alguien a su local.

EL CERCANO OESTE
No parece gratuito. Se comenta por lo bajo que, en los últimos días de octubre, cientos de vecinos saquearon una manzana entera en Avellaneda y que el hecho, pese a su gravedad sintomática, fue prácticamente diluido en la prensa y cuidadosamente acallado por el mismo que alguna vez se jactó de comandar "la mejor policía del mundo". En otro lugar de la misma provincia, una barriada quemó y derrumbó una vivienda que servía de base para un grupo de delincuentes sospechosamente amparados por esos mismos uniformados.

La sensación de estar en un polvorín se torna más verosímil al estar en cualquier municipio del conurbano bonaerense. Suenan ahí muy lejanos los ecos de las letanías partidarias, tanto de quienes están provisoriamente en el poder cuanto de quienes aspiran a llegar. Al final, ya va casi un año y no hay indicios claros de un rumbo definido. Ni arriba, ni abajo.

El 'asambleísmo', un espacio hoy cuasi estrictamente catártico, se ve desvaído en su potencial de realizaciones. Ahora se habla de la creación de un partido à la PT, como si el fenómeno brasilero pudiera ser transplantado así como así y como si la izquierda argentina ya hubiera salvado su atraso crónico respecto de la dinámica de la historia y de las expectativas populares.
Bueno, no hay que perder la esperanza, no? Quien sabe, tal vez...

Por otra parte, en el ¿gobierno? parece que el tan mentado "acuerdo con el FMI" ha producido, de tanta repetición, un estado hipnótico, un letargo que no permite acción alguna mientras el 'maná' nunca llega, una absurda obstinación que no beneficia realmente a nadie.
O no se ve (o no conviene ver) que la urgencia viene de otro lado. Se espera una limosna del norte geográfico-financiero, mientras al sur de nuestros ojos se apagan presentes y se multiplican futuros desesperados.

CON TODOS O CONTRA TODOS
Valga esta pequeña anécdota que denota mucho.
En esos pocos días que estuve en "mi Buenos Aires querido", el dólar en Brasil cayó hasta empatar el real con el peso, lo que llevaría a un virtual 1x1 entre las monedas brasilera y argentina. Tal indicador, extremamente frío y objetivo, no impidió, sin embargo, que al momento de comprar pesos con los reales que llevaba, el cambista cobrara entre un 20 y hasta un 34 % de más por cada operación...
¿Hablaba ya Jauretche de "zonceras criollas" en el siglo pasado?
Bueno, va siendo hora, pues, de... no sé... ¿"avivarse" un poco tal vez?

Si así se sigue tratando a la gente en lo cotidiano, intentando sacar tanta ventaja cuanto se pueda, pienso que los "tres o cuatro años" que postulaba el periodista mencionado van a ser muchos más todavía.
Si, en lugar de ver en el otro una oportunidad de abuso, o alguien a quien escarnecer, se intentara ver a alguien con quien colaborar, alguien a quien tratar como nos gustaría que nos tratasen, seguramente relaciones más creativas y dignas para todos comenzarán a difundirse.
Actitudes de respeto y protección son sólo hallables hoy en nuestros círculos íntimos, pero sé que más tarde o más temprano podremos ver esos gestos amistosos también entre desconocidos.

Al fin de cuentas, si no es con amigos, ¿con quién es que se construye el porvenir que queremos?



Por Crift a las 06:15 PM - Comentarios [0] - Recomendar lectura

Comentarios:

Escribí tu comentario:








¿Recordar información personal?





 

Ir arriba