Marzo 16, 2003 - Lo textual Tiempo aprox. de lectura 2 min.
Bombas de efecto moral
EL DIA ANTES
En Brasil se llaman "bombas de efecto moral" a aquellas utilizadas por la policía para disolver manifestaciones violentas o inconvenientes. Más allá del efecto físico, ese otro efecto adjudicado a los químicos se revela como un interesante poder para contrarrestar la violência y hasta neutralizar la guerra.
Por interés periodístico o por simple ejercicio de ciudadanía, ya estuve en varias manifestaciones populares en São Paulo. Siendo todas ellas no-violentas, me llamó la atención, sin embargo, el nombre que le es dado aquí a ese instrumento 'pacificador' que suele usar la policía para disolver concentraciones humanas más o menos agitadas: "bomba de efecto moral".
No deja de ser interesante tal definición, puesto que, más allá de las lágrimas, vómitos, dolores y/o migrañas que suelen provocar los gases de tales artefactos, es a la "moral" adonde realmente va dirigida la intención de tal fuerza represiva. Y allí, justamente, en esa difusa zona de la identidad social, es donde todavía puede operarse una neutralización eficaz de la violencia.
Tras la presentación de la "madre de todas las bombas" que hicieron el martes (11) las fuerzas armadas norteamericanas en Florida, un efecto semejante al de los gases anti-disturbios fue diseminado en el mundo. El mensaje de la Moab (mother of all bombs) podría deletrearse más o menos de la siguiente manera: "podemos destruir a quien se nos ocurra y lo vamos a hacer". La persuasión, sin embargo, debe servir para elevar la moral de los soldados norteamericanos puesto que a Hussein, con armas de destrucción masiva o sin ellas, debe haberle parecido un chiste.
En la población civil, sin embargo, el efecto es asustador y viene a potenciar el pánico cotidiano que se retroalimenta en cada país con noticias como la del virtual magnicidio del viernes (14) en Serbia.
En Brasil la escena incluye una nueva demostración de artillería en Rio de Janeiro y el asesinato de un juez en São Paulo, hechos que ratifican el poder de vendedores de drogas ilícitas y la existencia de una guerra civil que no se asume formalmente como tal. La constatación de que violar la ley es más lucrativo que respetarla adquiere en este país, cuyo presidente tiene como prioridad dar tres comidas diarias a la población, un avasallante efecto moral. Aún con sus jefes presos, el narcotráfico abre 'sucursales' mientras el programa Fome Zero todavía está en pañales.
Pánico paralizante. No importa de donde provenga, el efecto moral hoy parece el mismo en todas partes y no son claras las formas de contrarrestarlo.
Pero ya que hemos hablado de 'madre de todas las bombas', sería bueno entonces que ahora lleguemos a todas las madres, principalmente a las de los soldados norteamericanos, y les hagamos notar que todos sus hijos están en la mira de una bomba. Ellas crean vida y no querrán que otros vengan a quitársela.
Pidámosle que actúen. Las madres todavía pueden producir ese efecto moral.
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