Abril 25, 2003 - Lo textual Tiempo aprox. de lectura 3 min.
Juguemos a no usar armas
ARMONIAS POSIBLES
Los bombardeos sobre Bagdad no sólo atrasaron nuestro reloj hasta la hora de los hunos. Además de exhibir una feroz crueldad hacia las víctimas de turno y provocar la destrucción de una de las ciudades más estimadas de la cultura universal, la coalición invasora también está produciendo marcas en el plano simbólico. La irrupción pesadillesca de Bush y los suyos en el inconsciente colectivo afecta a cada uno de manera particular, pero a todos hace mella.
En lo personal, comprometió seriamente mi capacidad de articular con cohesión pensamientos de cierta complejidad. Por ello este reporte será apenas una sucesión deshilvanada de impresiones. Estáis a tiempo de no seguir leyendo.
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Entre los efectos colaterales de esta guerra, que no terminó aún en Irak y ya comienza a expandirse a países vecinos, el desenfoque de las temáticas nacionales y el surgimiento de un sujeto con actuación mundial salpimentan el proceso post-globalización. El cuadro se presenta ahora no ya según la lógica lineal del imperio sino de una gran fluctuación sistémica que, todavía sin comprometer seriamente el orden mundial (apenas lo ha desestabilizado un poco), crea las condiciones para una redefinición de la escena.
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En el sur (político) de Norteamérica: Argentina se dirige a elecciones presidenciales nuevamente entrampada en un juego de disfraces; Brasil cumple cien días de un gobierno que aún no ha dado señales de ser una nueva alternativa en el poder; Venezuela doma las turbulencias tribales estrenando rol en el nuevo reparto petrolero; ya independizado del cuerpo social --excretado, diríamos si no mediase democracia-- el gobierno de España, también abajo de Washington, se arriesga a caer de cabeza de tanta genuflexión.
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Quien haya tenido la oportunidad de seguir esta guerra a través de diversas emisoras (por caso: Japón, Alemania, Francia, España, Brasil, USA) habrá notado que, más allá de los idiomas y los acentos, unas pocas palabras son identificadas fácilmente en todas ellas. "Irak", "Bagdad", "dictador", "América", "muerte", "terrorista", "destrucción" encabezan la lista. En tanto, voces como "verdad", "justicia", "paz" y otras de significado próximo, resultan menos unánimes. Claro, cada país --y hasta cada partido-- las entiende de manera diferente.
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La imagen que más se usó para documentar "la caída del régimen" de Saddam fue el derrumbamiento de estatuas y monumentos, luego de la destrucción masiva de los edificios de Bagdad. ¿No es exactamente así, derrumbando monumentos, que el Talibán se hizo conocido en Occidente? Y, a propósito, ¿ha dejado Saddam de ser socio de Rumsfeld?
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Se dijo que los ataques de USA producirían el florecimiento de miles de terroristas. Hasta ahora, excepto la explosión de algún "hombre-bomba" (al fin de cuentas, es la guerra: también los hubo en Japón y se llamaban "kamikaze"), los únicos terroristas que vimos en acción son los propios soldados del ejército norteamericano; no todos ellos estadounidenses de nacimiento, vale aclarar.
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Pavorosas y chocantes, sí, pero también grotescas son las imágenes que llegan de Bagdad.
Me resisto a enterarme en detalle de las atrocidades cometidas en esta primera avanzada. Los norteamericanos llegaron al colmo de ser aborrecidos por sus propios socios ingleses en la línea de fuego. Los carniceros siguen trabajando. Terminado Bush, ¿florecerán otros miles de halcones? Infelizmente, la respuesta más probable es sí. Es hora, por tanto, de pensar estrategias civiles eficaces para evitar, esta vez sí, cualquier próxima aventura por el estilo.
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La táctica de los boicots a los productos norteamericanos sigue siendo políticamente correcta, sólo que me parece algo vencida y/o insuficiente. Yo propongo algo más pequeño y quizás más duradero: realicemos boicots contra todo tipo de armas, a comenzar por las de juguete. Comencemos por alertar a los que conocemos de que no faciliten ese tipo de objetos a sus hijos, ni a los de sus amigos, ni a los del vecino. A ninguno. Cuando veamos que ellos están de acuerdo en seguir la idea, animémonos a desestimular en el supermercado a aquellos que estén en situación de compra. Con la confianza que ello nos genere ya estaremos prontos para encarar un "escrache" a toda juguetería que venda algún tipo de arma. Y si somos audaces, podremos hasta pedir una pena para los recalcitrantes por ser co-responsables de crímenes futuros.
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¿Un fantasma recorre Europa? No. Un cuerpo es lo que recorre el mundo. Son las multitudes que copan el espacio público por doquier exigiendo el fin de la guerra. Probablemente por primera vez ellas estén, con su presencia, decantando la idea que, por lo demás, no ha dejado de soplar en nuestros corazones. Claro que yo, como dice Caetano, "no espero el día en que todos los hombres concuerden / apenas sé de diversas armonías bonitas, posibles, sin juicio final".
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