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Abril 10, 2004 - Lo textual
Tiempo aprox. de lectura 4 min.
Brasil tiene la bomba: es social

Brasil se perfiló esta semana como eventual objetivo militar de EEUU tras dificultar inspecciones de la ONU en una de las 36 plantas nucleares que posee. Sexto reservorio mundial de uranio, el país mantiene una tradición abstencionista en materia bélica. Internamente, en tanto, el conflicto es cotidiano.

Cada vez le resulta más complicado a Bush disimular que Irak, a la vez que un hueso duro de roer en sí mismo, se convirtió en una piedra que puede hacerle tropezar en su camino a la reelección. Buscando tal vez una presa más dócil, el halcón norteamericano ya sobrevuela otras latitudes. El programa nuclear de Brasil fue la excusa esta semana.

Es muy poco probable que el escudriñar imperial encuentre armas atómicas en las mansas tierras tropicales. Lo que no falta aquí, en cambio, son bombas sociales, artefactos con los que incluso el propio gobierno local no sabe cómo lidiar.

ATOMOS Y UNIFORMES
El tema nuclear no es nuevo en la agenda Brasil. El país posee la sexta reserva mundial de uranio y sus plantas fueron impulsadas por los regímenes militares que gobernaron el país hasta mediados de la década del ochenta. Justamente en estos días se recordó, casi en coincidencia con las efemérides argentinas, un nuevo aniversario del golpe con el que los uniformados tomaron el Estado el 30 de marzo de 1964 para implementar sus designios durante dos décadas, prácticamente sin oposición.

Es con Argentina también que creó, en 2001, la Agencia Brasilero-Argentina de Aplicaciones de Energía Nuclear con el propósito declarado de favorecer "la cooperación en el campo de las aplicaciones pacíficas de la energía nuclear".

USINA EN MARCHA
La energía atómica, no obstante, llegó a primer plano el domingo pasado a través de un artículo aparecido en la portada del diario Washington Post bajo el título "Brasil esconde instalación nuclear". En el artículo, un alto funcionario del Departamento de Estado norteamericano le sugiere a Brasil que minimice sus planes, pues de no hacerlo "mandaría el mensaje equivocado a otras naciones". "A todos los Irán de este mundo", en palabras de la columnista del Post Marcela Sánchez.

Existen en el país del samba 36 plantas nucleares. La usina en la que inspectores de la ONU vieron su trabajo reiteradamente obstaculizado, en febrero y en marzo de este año, se dedica al enriquecimiento de uranio. Sus equipamientos y productos, según reveló un ex funcionario del área, no difieren de los que colocaron a Pakistán en la mira de EEUU. La unidad brasilera, en tanto, ubicada en Rio de Janeiro, todavía está en construcción.

GESTOS AFIRMATIVOS
Si bien el gobierno Lula mantiene en lo macro una política de alineación con el orden norteamericano de la que incluso los conservadores locales se espantan, Brasil y EEUU vienen teniendo algunas rencillas que parecieran indicar acciones afirmativas por parte de los tropicales. Las idas y venidas en el tratamiento del Alca, el fichaje de estadounidenses que llegan a Brasil, la discusión por patentes y los gestos diplomáticos contra la guerra de Irak podrían ser ejemplos de ello.

En esa línea, el canciller brasilero Celso Amorim reivindicó el derecho de su país de no permitir la inspección. Para ello se basa en principios de secreto industrial, un argumento que fue rebatido por expertos locales que afirman ser ese sigilo innecesario por cuanto la tecnología usada aquí sería la misma que se aplica hace años en otros lugares. Así, este episodio tiene más chances de engrosar la lista de equívocos bushianos antes que constituirse en la instancia previa a cualquier invasión a la tierra del arroz y la feijoada.

Si bien, en términos de caos social e inestabilidad institucional --e incluso de conciencia de clase--, Brasil no es comparable al Oriente Medio actual, no puede desconocerse que se vive aquí un virtual estado de guerra civil.

CALLES SANGRIENTAS
En Irak, cada emboscada, cada choque de fuerzas, cada muerto, gana una dimensión espectacular debido a la transmisión que realizan los medios. Pero el brasilero no necesita encender la tv para ver un cuadro semejante o tal vez hasta más mortífero que el de sunitas y chiitas a los tiros contra invasores.

En las favelas de Rio de Janeiro el pánico es cotidiano. Este mismo fin de semana está marcado por otra de las confrontaciones armadas que dejan a la población civil en medio de un fuego cruzado de nunca acabar.

Se está librando allí una batalla territorial por el comercio de drogas. Una banda de aproximadamente 60 integrantes intentó copar la favela Rocinha para desplazar a sus competidores en el negocio. La policía se hizo presente con más de 500 efectivos y las bajas no se hicieron esperar. Al momento de escribir estas líneas, eran siete los muertos, ninguno de ellos de filiación probada con el narcotráfico.

FALACIAS
Lejos de los sofisticados procedimientos atómicos, son estas las armas de destrucción masiva que pueden encontrarse hoy en Brasil o en cualquiera de los países de la región.

Y no es preciso buscar mucho. Producto de la combinación explosiva de la marginalidad creciente y las promesas que ofrece el crimen, estas auténticas bombas sociales están a la vista de todos.

Como la ineficacia de soluciones mágicas, en la línea "mano dura", que son propiciadas en nuestros países por irresponsables tan fuera de la realidad como el propio cowboy texano.

Por Carlos Turdera



Por Crift a las 09:58 PM - Comentarios [0] - Recomendar lectura

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