Noviembre 26, 2003 - Lo visual Tiempo aprox. de lectura 2 min.
La imagen literal

Es extraordinariamente fácil encontrar un brasilero apasionado por "falar". Lo difícil es retratarlo sin apagar su voz. Mediante una combinación de procesos digitales e intervenciones urbanas, Paulo Fridman lo consigue. Con su muestra "Retratos falantes" el autor empuja el acto fotográfico a una nueva frontera plástica.
Hasta el 4 de enero podrá visitarse en la Pinacoteca del Estado de São Paulo la exposición "Retratos falantes", una selección de cuarenta rostros que el fotógrafo Paulo Fridman reveló del anonimato, imprimiéndoles nuevas lecturas, a partir de tomas hechas en lugares emblemáticos de la capital paulista desde 1999. A cada retratado el fotógrafo entregó un papel en blanco sugiriéndole que plasmase allí sus deseos, búsquedas, sueños, projectos, opiniones sobre el futuro de Brasil. Con ello buscaba crear "un 'alma' más verdadera" para cada fotograma. Valiéndose luego de la edición digital, fundió ambos registros y obtuvo así una serie de imágenes de calibrado impacto plástico.
Esta muestra de Fridman --cuyas fotos ocupan habitualmente la portada de medios como Time, The New York Times, Vogue, Le Figaro, Forbes y Der Spiegel, entre otros-- es parte de las actividades del Mes de la Conciencia Negra. Por ello, la totalidad de los retratos expuestos corresponde a personas negras.
Allí pueden verse, entre otros personajes urbanos, un rapper, una enfermera, un chico de la calle, un productor cultural, un basquetbolista, una empleada doméstica, un skater y hasta un ciego, cuyos ojos se esfuman en las sombras atrás de un texto en Braille. Otra de las obras que provoca inquietantes meta-significados es el de una mujer policía, con arma incluida, cuyo texto, con paloma picassiana incluida, postula que "debemos todos luchar por un mismo sueño, el sueño de la Paz".
Las fotografías, todas en un cepia amarronado, "dicen" cosas como: "expongo mi indignación para con los dueños del orden y el progreso", "vivimos en un país donde la tortura es un derecho adquirido", "la psicología va colgada en la cintura del lado derecho", "amo mi país", "me gustaría mucho que los señores autoridades cuidaran y mucho de nuestra paz, sobre la violencia, el hambre y la miseria, porque yo también puedo sufrir con eso". Tal cacografía cumple el doble rol de, por un lado, incomodar la corrección tras la que suele esconderse la insensibilidad social y, por otro, rubricar su pertenencia a la cacofonía callejera.
« Comencé hace cuatro años y tengo deseos de continuar » le dijo Fridman a Café Crift luego de la apertura. « Siempre me gustó fotografiar personas. Vengo desarrollando este trabajo desde el período en que viví en New York », amplía. Con el material obtenido en esas sesiones el fotógrafo ya había realizado una muestra en Curitiba llamada "RG 3.558.114", oportunidad en que compartió el espacio con Sebastião Salgado, otro grande de la fotografía brasilera.
« ¿Qué viene a ser un retrato? » La pregunta la formula Diógenes Moura, curador del museo para esta muestra. « ¿Nítido espejo de un otro-mismo-rostro o representación purista de la imagen de una persona? ¿Quien está allí, lo que mira o lo que se deja ser mirado?", insiste. En un agudo texto titulado "Biografías de una memoria espontánea », que sirve de introducción a la muestra, Moura distribuye, a la manera de un juego de espejos, reciprocidades entre fotógrafo y fotografiado. Luego ensaya una aproximación: « Para hacer un retrato es necesario que haya en lo que se fotografía una denuncia implícita que selle en imagen la prueba deseada y decisiva para la sobrevivencia, de lo inmediato a lo definitivo ».
Si ya es difícil conseguir que una foto "hable", con "Retratos falantes" Fridman logra hacer aún más difícil no escuchar lo que las suyas están diciendo.
Carlos Turdera
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